Me siento a disputar un torneo de parejas. Abro mis cartas con la lógica expectativa de ver que me depara el destino para la primera mano, quizás sea una tarde afortunada.

Incluso soy de los que creen que el inicio puede marcar una tendencia para el resto de la tarde. Desilusionado me encuentro con esta poco interesante colección de naipes: 8 7 6 5,
J
10 7 6 5, 5 4, 3 2.

Adolfo D. Madala
A mi derecha abren de 1 trébol y por un instante siento el deseo de tomar alguna actitud bizarra, decir mi palo de corazón, o tal vez marcar una bicolor mayor. Pero rápidamente abandono esas ideas trasnochadas, el compañero debe durarme toda la tarde y no tiene objeto tener una discusión casi antes de comenzar a jugar.

A mi derecha rematan 1 corazón, mi compañero pasa y el rival apoya a 2 corazones. Me siento mejor, si hubiera cometido la tontería de licitar con un punto sólo hubiera logrado que mis adversarios llegaran a una mejor denominación, seguramente Sin Triunfos. Paso y ante mi estupor a mi izquierda dicen 6 corazones. Resisto la tentación de doblar, no tanto para que no me ubiquen el triunfo sino para no darles una chance extra de elegir un mejor contrato.

Mi compañero sale con la Q de diamantes y esta es la mano completa

 
A K J 2
9 8 4 3
K 2
K 5 4
 
10 9 4
-
Q J 10 9 8
Q J 10 9 8
     
8 7 6 5
J 10 7 6 5
5 4
3 2
   
Q 3
A K Q 2
A 7 6 3
A 7 6
   

Mi J107 está sobre el 98 del muerto así que tengo 2 bazas seguras, -no está nada mal tener 5 triunfos, si no fuera así capaz que me la ganaban- digo para mi coleto. Me relajo mientras me vuelvo a felicitar por no haber hecho nada audaz en su primer turno de remate, y espero satisfecho el desarrollo de los acontecimientos.

El carteador toma con el A de diamante en su mano y juega el A de corazón recibiendo la noticia de la horrible distribución.

Acoto: -No doblé para que no saquen a 6 ST-, por si el adversario no había tomado cuenta de mi astucia. El rival piensa unos instantes, juega diamante al K de la mesa y 9 de corazón que me apresuro a cubrir con el 10. Sigue con Q de pique, A de trébol, trébol al K y AKJ de pique descartando un pique y dos pequeños diamantes de su mano, mientras yo respondo a todos los palos, llegando a este final:

 
-
8 4
-
5
 
-
-
Q J
Q
     
-
J 7 6
-
-
   
-
K 2
-
7
   

En este momento percibo una extraña sonrisa en el rostro del carteador, quién juega el 5 de trébol, que debo fallar con el 6, luego de lo cual quedo puesto en mano y estoy obligado a jugar corazón desde mi J7 contra la tenaza dividida de K2 y 84 entregando la baza y el contrato.

-Tuvimos suerte al jugar el slam a palo, en Sin Triunfo sólo se ganan 11 bazas, mientras que 6 corazones están tendidos, gracias a los 5 triunfos en una sola mano- procedió a decir el oponente, cultor seguramente de aquello de que el que ríe último ríe mejor.

-¿Y por qué gracias a los 5 triunfos?- pregunto, un tanto molesto tanto por el resultado cuanto por el comentario.
-Porque si usted hubiera tenido sólo 4 triunfos en la última jugada de trébol tendría una carta inútil para descartar y la baza la ganaría su compañero, luego de lo cual usted inevitablemente haría una baza de triunfo con su J7 sobre el 8 de la mesa, multando el contrato- respondió triunfal el carteador.

Así que a la postre fue mala suerte haber tenido tantos triunfos, y tampoco fue astuto no haber doblado para que no saquen, ¡quién lo hubiera dicho!, me pregunto yo, ¿será por eso que salimos últimos?